miércoles, 26 de noviembre de 2008

El cardenalito es el ave más amenazada de extinción en el país

Su atractivo plumaje rojo lo ha convertido en presa clave de cazadores ilegales que lo capturan indiscriminadamente para cruzarlo con canarios y obtener canarios rojos, muy codiciados en el mercado nacional e internacional. Debido a esta práctica recurrente que ha sido denunciada desde los años 50 a nivel mundial, el cardenalito (Carduelis cucullata) es el ave más amenazada de extinción en Venezuela.

Así lo informó el doctor Jon Paul Rodríguez, investigador-jefe del Centro de Ecología del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) y coautor de la tercera edición del Libro Rojo de la Fauna Venezolana (2008), editado por Provita y las Compañías Shell en Venezuela en el marco de la Ley Orgánica de Ciencia, Tecnología e Innovación (Locti).

El investigador explicó que el híbrido resultante “canta como canario y es rojo como el cardenalito, entonces usan mucho a los cardenalitos para criar canarios. Como consecuencia, prácticamente ya no hay cardenalitos en vida silvestre, los han acabado”.


De las 3.625 especies de animales evaluadas para la edición 2008 del Libro Rojo de la Fauna Venezolana, 1.418 corresponden al taxón aves, de las cuales 36 se encuentran amenazadas. La categoría amenazada incluye tres subgrupos: en peligro crítico, en peligro y vulnerable; el cardenalito está en peligro crítico.


Aunque las aves no representan el grupo más amenazado de extinción es un indicio de lo que puede ocurrir si la comunidad científica y la sociedad en general no planifican ni ejecutan medidas de conservación de su fauna silvestre.


A su juicio, existen numerosas razones para abstenerse de comprar animales silvestres. En primer lugar, porque el comercio de estos ejemplares es ilegal. “Las únicas especies terrestres que legalmente puede comercializarse en Venezuela son el chigüire y la baba” dijo el especialista.


En segundo lugar, porque para obtenerlos se ocasionan daños colaterales: o matan a sus padres o deforestan el entorno. En tercer lugar, porque no se adaptan al cautiverio.


Y en cuarto lugar, porque pueden tener patógenos o enfermedades contagiosas para los humanos “a las cuales no hemos estado expuestos antes y de las que no tenemos ninguna experiencia inmunológica” aclaró.

Por Vanessa Ortiz Piñango

vortiz@ivic.ve